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No acostumbro a escribir post sobre futbol porque me importa lo mismo el resultado del Madrid-Barçá que la final de la copa de badmington de Sri Lanka, pero cuando esta mañana estab hojeando el Público, mi mirada se ha detenido en una foto del partido de ayer. Era una donde un jugador del Barça celebraba uno de los 6 goles que le encajaron al Madrid. Lo que mi retina ha observado interesada ha sido las caras y gestos del público (que por las camisetas, debían ser del Madrid). Una sola instantanea cargada de lenguaje no-verbal. Un montón de gente de todas las edades y condicones con cara de odio, odio profundo, haciendo gestos insultantes, gritando, enfurecidos, como si de un ejército de guerreros medievales a punto de chocar contra las filas enemigas se tratara. Espectacular. Quizá yo peco de frío y de algo inhumano (por eso quizá el futbol no me interese), pero me intento poner en la piel de los seguidores del deporte rey, imaginándome en situaciones similares que me llenen, y no consigo visualizarlo: no me veo sacándole los dientes y haciéndole cortes de manga al político de color contrario al mío cuando le da un revés a un debate, no me imagino insultando a gritos a un grupo de música que de un mal concierto.

Que no me cuenten historias: el fútbol hace mucho que dejó de ser un hobby, un deporte, una sana competición, un que gane el mejor, un placer por el espectáculo; el fútbol ha acabado siendo una manera más de confrontar a la población, de sacarle sus más bajos instintos. Y si no, echarle una hojeada a esa foto detenidamente, y luego me lo contáis.

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