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Últimamente todo el mundo anda alborotado con el tema de los trajes de Camps, unos dicen que es una tontería, que total por unos pocos trajes que más da (lo cual me parece una salvajada de afirmación, porque evidentemente, el que se deja comprar por calderilla no es más fiable sino menos que el que se deja comprar por cientos de millones); otros profetizan con este caso el fin del PP en la Comunidad Valenciana, y de eso trata este post, de que lo dudo.

Lo dudo, y no porque haya gente que asuma como parte de las funciones de un político aprovecharse de su situación (que lo he oído en primera persona, tú), ni siquiera porque los votantes de derechas sean tan fanáticos que no sean capaces de castigar a un político corrupto. No. El caso es que los votantes del PP no creo que identifiquen los líos de Camps o de Aguirre con la idea general de partido que desean que gobierne sus vidas. Por poner un ejemplo, si saltara a la prensa que a Llamazares le han regalado un coche la empresa a la que luego él le ha otorgado trabajos públicos, dudo mucho que los votantes de IU se indignaran tanto como para votar al PSOE en las siguientes elecciones. Pedirían su dimisión, puede ser; algunos le defenderían a capa y espada imaginando una trama conspiratoria, los habrían; otros presionarían para que se presentase a otra persona en las siguientes listas, seguro; pero dejar de votar a su partido de toda la vida, aquel que defiende sus intereses económicos y sociales, sería anecdótico.

Si de todo este jaleo el resultado es que Camps sale más muerto que vivo (políticamente hablando), pues no pasa nada, presentan a Rita Barberá para presidenta de la Generalitat y tan amigos, sacarían tropecientos mil votos del área metropolitana de Valencia y otros cuatro añitos.

Para que un caso de corrupción afectara al PP necesitaría demostrarse que todo el aparato del partido está corrupto, de arriba a abajo: algo como lo que le pasó al PSOE del último gobierno de González… y no porque todos sus votantes cambien radicalmente su voto y castiguen al corrupto, sino porque los indecisos o menos fervientes seguidores sí lo harían, pero para que eso ocurra necesitan un Roldán, un hermano de Guerra, un GAL… o un 11M, un prestige, una guerra de Irak. Hace falta una auténtica suma de desgracias que salpiquen a todos para que se mueva ligeramente la decisión de los ciudadanos.

Por lo tanto, Camps no podrá dormir tranquilo (como decía Xavi Castillo, ahora le están haciendo otro traje, a rayas), pero el PP de la CV puede estar seguro que la sangre no llegará al río.

Y mientras la corrupción no se castigue brutalmente en las urnas y en los juzgados, aquí seguiremos, trágicamente dependientes de una desgracia para que cambien nuestros gobiernos… eso sí, al menos entretenidos, que copas de america, hípica, visitas del Papa, fórmula I, y demás gilipolleces no le faltan a  Canal 9 para rellenar su programación.

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