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Soy fumador y estoy completamente a favor. Cierto que no fumo demasiado hoy por hoy, sólo por las noches y en los eventos sociales, pero con más razón me afecta por lo tanto la ampliación de la ley anti-tabaco; en mi contra pesa que aquí, en Levante, con nuestro clima, parece menos grave: siempre podremos fumar 9 meses al año en las terrazas de restaurantes y pubs. En cualquier caso, sopesando que perjudica mis (malos) hábitos sociales, pero que mejora mi salud y la comodidad de los que están a mi alrededor (y su salud), al final la balanza se decanta por apoyar la ley. Aunque vaya en mi contra.

Además aprecio la inteligencia y estrategia del gobierno de implantar esta prohibición paulatinamente: primero dejamos de fumar en el trabajo, en los hospitales, en los medios de transporte (hace no demasiado yo fumaba en el tren e inlcuso en los autobuses de largo recorrido), después en parte de los locales hosteleros… ahora toca el hachazo definitivo. Pues que lo den. Si no somos capaces de renunciar al pitillo por respeto al individuo que se sienta junto a nosotros en la barra o en la mesa, pues que nos lo prohiban: al final salimos ganando todos.

Si tengo algo que matizar, que me gustaría que dieran todavía un paso enmedio: primero que prohiban definitivamente fumar en todos los locales que sirvan comida, y dejen para dentro de un año o dos el prohibir también en los pubs y discotecas. Por lo demás, completamente de acuerdo.

Algunos dirán que la sociedad española tiene esa costumbre arraigada, pues vale. Pero precisamente esa es la labor de un gobierno progresista: adelantarse. Si socialmente ya estuviera implantado el no fumar en locales públicos, legislar sólo sería una acción lógica y razonable. Así es una acción progresista, que pone cercos y dificultades a malos vicios adquiridos. Lo bueno es que lo han hecho gradualmente, y eso creo que es muy importante: si retomamos el viejo debate de reforma o revolución, que queréis que os diga: me vuelvo a quedar con la reforma, creo que es mucho más didáctica, efectiva y duradera… aunque pierda romanticismo.

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