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El otro día me reencontré con un amigo de toda la vida que vive en el extranjero. Este amigo es probablemente la persona que se encuentra más alejado ideológicamente de mi en mi entorno, digamos que muy, muy alejado. El caso es que le pregunté una duda informática, y al darse cuenta que era para instalar un juego de PC de temática bélica (Call of  Duty) se sintió totalmente sorprendido: ¿Pero tú no eras pacifista?

Y el caso es que no es la primera vez que me hacen esa pregunta. A mi me van los juegos de guerra, ya sea en PC o en tablero, de tiros o de estrategia; me gustan las películas bélicas y las de juicios de honor a militares americanos; he sido fanático de los juegos de rol (que quieras que no, siempre incluyen una dosis de violencia); leo libros de historia de batallas y conflictos… y sí, tengo muchos cómics incluidos algunas colecciones como El Castigador o El Vigilante. Y soy pacifista, o por lo menos no soy nada belicista, ni me gusta inflingir daño a nadie -por muy capullo que sea-.

La diferencia, evidente para mi, y justamente lo que le respondí a mi amigo es que, que yo sepa, en el Call of Duty los muertos no son de verdad. Y esa diferencia entre realidad y ficción es la que me lleva a guerrear (intelectualmente) contra todas aquellas voces que, de tanto en tanto, quieren eliminar los videojuegos, o los cómics, o los juegos de rol, que incluyan escenas violentas o bélicas… todos estos juegos son sólo entretenimiento, y dudo mucho (y me pongo como cobaya) que puedan alterar la personalidad de una persona. Quien quiere relacionar como causa y efecto el ver una película bélica con liarse a tiros en su instituto tiene un problema, no tan grave como el que de facto se carga el AK47 al hombro, pero tampoco está mal; esas opiniones ocultan una fé cierta: que todos somos unos borregos con el disco duro en blanco y sin capacidad de crítica ni análisis. Si esto fuera así, que lo dudo, ciertamente habría que prohibir estos juegos, justo a la vez que los libros de historia… o por lo menos aquellos capítulos que hablaran de guerras, asesinatos, ejecuciones y demás escenas que nuestros cerebros asimilarían como algo que hay que poner en práctica el lunes, nada más llegar a la oficina.

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