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Que el presidente de Nuevas Generaciones y vocal de seguridad vial en el congreso decida estampar su coche una noche de juerga, y dar positivo en el control de alcoholemia, es totalmente coherente. Es coherente con el mensaje que dio en su momento su ex-jefe, Jose María Aznar, “¿y quien te ha dicho que quieras que conduzca por mi?; déjame que beba tranquilamente (…) A mí no me gusta que me digan no puede ir usted a más de tanta velocidad, no puede usted comer hamburguesas de tanto, debe usted evitar esto y además a usted le prohíbo beber vino”. Lo dejó bien dicho, y el ejemplo cunde.

Desgraciadamente, hoy sólo ha estampado su coche. Una noche un poco peor se hubiera llevado a alguien por delante. Y entonces, ninguna dimisión podría haber solucionado el tema.

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