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El Rey se posiciona, evidentemente, hacía la opinión de una de las dos Españas, sin que sorprenda a nadie, supongo.

Y se posiciona a favor de los toros (y en contra de la opinión de, al menos, la mitad de sus “súbditos”) porque “preserva la raza pura del toro de lidia”. Y es que no sorprende porque, dejando a un lado lo oportuno de mantener una actividad cruel y sangrienta, resulta muy apropiado que hable de preservar razas puras que, quizás, si no fuera por la obsesión de unos pocos de mantener tradiciones obsoletas, finalizarían extinguiéndose… o, al menos, acabar como especies protegidas en una reserva… o en un museo…

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