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A veces me pregunto dónde han quedado las viejas costumbres, por ejemplo aquella tan apasionante de la turba enfurecida, ya sabéis, cuando el pueblo se levanta y enarbola antorchas, horcas y demás utensilios caseros convirtiéndolos en improvisadas armas.

Normalmente tenía finalidades siniestras, pero de tanto en tanto estos levantamientos mostraban la indignación de un pueblo ante los abusos de sus dirigentes; ocurrían cuando la paciencia y la impotencia se transforman en rabia comunitaria.

Leyendo las noticias de los periódicos los últimos días me pregunto: ¿cuánto más tienen que robar nuestros queridos dirigentes? ¿100 millones? ¿1000? ¿Cúal es la cifra que provoca la chispa?; ¿bastará con que inhabiliten definitivamente a Garzón por querer investigar los crímenes de una dictadura? ¿tendrán que condenarlo a muerte por tal atrevimiento? ¿entonces se encenderán las antorchas?…

Quizá ni con esas, quizá aunque todo eso pasara la gente sólo saldría a partirse la cara el domingo contra los hinchas del equipo contrario…

Me acuerdo mucho de un cómic de Azagra donde se veían imágenes de múltiples turbas enfurecidas avanzando aguerridamente… unas viñetas después se observa como se meten en un campo de fútbol para asistir a un partido… mientras tanto, desde la garita de seguridad del campo, dos policías observan la escena y comentan: Desde luego, cuando les quiten el fútbol descubrirán la revolución…

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