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Nos decían que nuestra transición era ejemplar. Nos decían que apreciaramos el traje nuevo del emperador. Y todos asentían. La transición era ejemplar, el traje era precioso. Algunos no lo veíamos claro, ni el traje ni la transición.

Ahora, 70 años después del fin de la guerra, 35 después de la muerte de Franco, por fin se está empezando a caer el velo, se está poniendo en entredicho la verdad oficial, sobre la que nadie se atrevía a musitar una palabra en contra… el emperador estaba desnudo.

Ahora España empieza a plantearse que la ley de amnistía fue una farsa, ahora la tranquilidad de los vencedores reconvertidos empieza a tambalearse igual que se tambaleó la plácida jubilación de Pinochet, ahora se habla de genocidio, ahora se habla de crímenes contra la humanidad. Ahora le toca temblar a los que se enriquecieron, a los que impusieron su ideología a sangre y fuego, a los que pasearon bajo palio a un militar golpista con vocación de dictador, a los que pidieron ayuda al régimen nazi para aplastar a quien no pensaba como ellos.

Un golpe de estado, una guerra civil, 40 años de dictadura, miles de ejecutados en la retaguardia, de exiliados, de desaparecidos… no son cosillas que se puedan solucionar ni olvidar con una palmadita en la espalda. Que hablen los tribunales, aquellos a los que les dejen.

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