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Siempre me han dicho que está feo eso de decir “te lo dije”. Vale, lo entiendo… pero es que, sobre todo hablando de política, donde lo más habitual es que nunca te hagan ni caso, y todas las organizaciones se enroquen en sus dos temas resobados de turno, es un ejercicio de justicia y de reflexión recordar que “se lo dije”… bueno, eso, y que si no toco un poco las pelotas no me quedo a gusto…

Tanto a los de Esquerra Unida en su momento, como posteriormente a los de Iniciativa, siempre les hice participe de que las corridas de toros era una lucha clara y olvidada, en la que muchísima gente de diversa ideología está en favor de prohibirlas, pero en cuyo juego nunca se iban a atrever a entrar los grandes partidos. En términos de marketing representaba un oceano azul de la política. Y era una lucha profunda: las corridas de toros, además de ser el principal exponente de la lucha animalista -ya que son la tortura pública y jaleada de un animal hasta la muerte por pura diversión-, representan un tipo de sociedad a la que muchos muestran rechazo: es la España rancia, del puro mordisqueado, de la camisa desabrochada para lucir pelambrera y crucifijo doradete… del espectador sudoroso, perjudicado por el alcohol, jaleando la muerte… es la España de Manolo Escobar y sus gustos sobre que tipo de falda debes llevar a los toros…

Ningún partido lo veía claro… era una lucha minoritaria, secundaria… la revolución mediática que se ha montado este verano a consecuencia de la ilegalización en Catalunya, la respuesta y movilización de colectivos de todo tipo y de personas individuales de todo el estado en redes sociales y blogs,  me hacía darme de cabezazos contra la pared… se lo dije, se lo dije…

Por cierto, que me parece muy mal que no se ilegalicen también los correbous… pero que por algo hay que empezar, que todo tiene un comienzo, y que no sea el mejor imaginable, no hace que pierda su valor.

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