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Si llegáis a Belfast podéis hacer el turista autobusero como hice yo, o podéis intentar aspirar con más fuerza el espíritu de Irlanda del Norte. Una de las maneras de conseguirlo es la de reservar un tour guiado por los murales políticos a la WBTA; la West Belfast Taxi Association fue una salida de trabajo normalizado para muchos de los presos políticos cuando llegó la amnistía.

Así, un ex-preso republicano o lealista será tu conductor y guía (supongo que depende del bando de contarán una versión u otra de la historia…); y por lo que tengo entendido, acaban el tour invitando a una pinta en uno de sus pubs tradicionales.

Es muy chula la idea, pero además es digno de reconocimiento como los vecinos de los barrios más radicales de Belfast (tanto de un bando como de otro) han aceptado tan bien la reconversión de zona de guerra a zona turística. De hecho, por lo que contaron nuestros guías, incluso durante el conflicto estaba bien visto la visita de turistas, ya que precisamente los murales eran un arma de comunicación política dirigida sobre todo a los extranjeros, a fin de explicar su visión del conflicto.

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