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nevermind

 

Debía ser el año 92 cuando este disco se puso de moda; tan, tan de moda que emitían todos los días en la MTV el video de Smells like teen spirit. Ese video era demasiado para un adolescente como era yo en ese momento (de hecho, me sigue pareciendo una pasada 20 años después). Me quedé boquiabierto varios días consecutivos, me compré el cassette, me despeiné, me agujeree los vaqueros y me compré una camisa de franela, no sé si necesariamente en ese orden. No era rock, pero no tenía nada que ver con el pop ni ninguna otra música. Destilaban rabia a base de dosis brutales de dejadez y apatía… pero con brotes de una energía salvaje. El grunge había aterrizado.

Luego tendríamos muchos años de reirnos del grunge. Incluso dejé de lado esa cinta que escuché hasta la saciedad. Un par de años después Kurt Cobain decidió convertirse en un hermoso cadáver y volví a prestarle atención, redescubriendo In Utero, quizá injustamente eclipsado por las 30 millones de copias vendidas de Nevermind.

El grunge fue una maldita moda, igual que en los 2000 han podido serlo el hip hop o el rollo gótico; por eso en su momento llegó a cansar y a convertirse en una caricatura. Años después, puedo asegurar que si llegó a convertirse en una moda es porque tenía una base muy sólida, de la cual Nirvana era pieza fundamental.

Esa estética y esa actitud, nos guste o no, nos riéramos de ella o no, fue la de la generación que fuimos adolescentes a mediados de los 90. La maldita generación X

 

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