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El Camarote puede que sea un pub como otro cualquiera. Pero tiene una diferencia sustancial, fue el mío. No de mi propiedad, pero sí el que marcó mi adolescencia, y puede ser que gran parte de mi vida… Recuerdo perfectamente el día que entré por primera vez, pocos días después de hogueras. Pasé cerca de 4 años intensos, muy intensos: centenares de tardes y noches, muchas veces ambas y sin interrupción. A los 17 años tenía mucho tiempo libre y muchas ganas de hacer cosas, especialmente fuera de mi casa. El Camarote fue escenario, pero también actor, público y crítico de aquellos años.

-Fue donde pinché música por primera vez, y por lo que acabé trabajando de eso varios años.
-Fue donde estreché la amistad con algunos de mis mejores amigos, incluyendo uno que ahora es mi socio.
-Fue donde gestábamos el fanzine La Maskletá, donde realizamos casi todas las entrevistas a grupos e incluso donde, en ocasiones, acabábamos grapándolo.
-Fue donde escribimos aquel juego de rol que nos contrató una editorial vasca.
-Fue donde descubrí que me gustaban las aceitunas rellenas de anchoa.
-Fue donde encontré a mi primer socio, el dueño de El Camarote, con el que monté mi primera empresa… otro pub, pero esa es otra historia…
-Fue donde organizábamos nuestras primeras fiestas temáticas, celtas y de bandas sonoras entre otras, siempre excusa para disfrazarnos en fechas extrañas.
-Fue donde aprendí a jugar a los dardos, por cierto, bastante bien.
-Fue donde colgaron de la pared una jarra de cerveza con mi nombre en mi 18 cumpleaños (y allí sigue).
-Fue donde organizamos el mejor juego de rol en vivo de la historia, algún día os lo contaré…
-Fue donde me fugaba cuando no quería ir a la universidad, en fin, a diario.
-Fue donde organicé un concierto de Nach contra toda lógica, cuando todavía era Nach Scratch.
-Fue donde me dieron mi primera oportunidad de diseñar carteles para una empresa.
-Fue donde decidí que iba a estudiar diseño gráfico.
-Fue donde recibí una carta de un tal Pito Karcoma, que quería colaborar con el fanzine que hacíamos, y que me metió en el mundo de las distris alternativas durante años.
-Fue donde conocí a los 300 MC RAM, Chispa e Isa, que me inocularían el virus del 77 de por vida.
-Fue donde conocí al presentador de radio con el que acabé haciendo un programa de rock durante un par de años.
-Fue donde adopté a mi primer perro, que 13 años después respira a mi lado mientras escribo esto.
-Fue donde me llevaba a una chica que me gustaba… y que acabó siendo mi pareja, y que lo sigue siendo.
-Fue la leche.
El otro día pasé por la puerta de madrugada. Escuché que pedían la última canción. Era muy tarde y estaba cansado. Decidí pasar de largo. Otro día volvería. En los últimos años pasaba muchas veces de largo. Siempre habrá tiempo para volver y mantener una larga conversación con Hilario, de esas que nos gustaban a nosotros, sin final en el horizonte y sin un hilo conductor demasiado claro. Otro día me tomaría esa cerveza. Es lo que pasa cuando un sitio lleva 18 años prácticamente inmutable, que te relajas.
Hoy lunes, en el trabajo, descubría que esa fue la última noche de Hilario al frente de El Camarote. No pude estar, no lo pude despedir como merecía. Pero puedo decir que, en el último minuto, el destino me hizo pasar por la puerta. Puedo decir que, al menos, me he acordado de escribir este pequeño homenaje a un tiempo pasado que siempre nos parecerá mejor, con olor a madera y mojito. Un tiempo donde Hilario, Paqui y Emilio siguen detrás de esa barra, todos los días, a partir de las cuatro de la tarde.
Gracias.
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