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Después de mi primera experiencia con el comic book americano, salté al tebeo más patrio, y a principios de los 80 no creo que fuera muy original si digo que pasaba las horas muertas leyendo los enormes tomos de Mortadelo y Filemón.

Siempre me pareció increíble la creatividad de Francisco Ibáñez para, con unos personajes limitados, unas tramas muy similares, y unos gags muy repetitivos, generar tal tonelada de historietas y que consiguiera que nos riéramos a carcajadas. Nunca me he reído tan a gusto, tan natural y sonoramente, que leyendo estos tebeos.

Tengo especial recuerdo de El Caso del bacalao, en el que la mafia distribuía bacalao entre la población a costes irrisorios, para después eliminar el suministro del agua y monopolizar la venta de agua mineral. Un argumento tan absurdo como todos los de Ibáñez; tan, tan absurdo, que cualquier día leeremos en el periódico que algo similar ha ocurrido en alguna zona de España…

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