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Nunca me entusiasmó tanto como Asterix, pero tengo que reconocer que para un pre-adolescente con pinta de Harry Potter como yo, las aventuras en países exóticos de este extraño personaje belga eran apasionantes. Teóricamente era un periodista, pero actuaba como un investigador privado por cuenta propia, aventurero con recursos desconocidos, habitualmente acompañado de unos secundarios fieles, como Haddock o Hernández y Fernández.

No tuve muchos álbumes, se editaban en formatos caros, y siempre he tenido en mente hacerme ahora con la colección para explorarlo debidamente, quizá pronto lo haga. La verdad es que hasta hoy mismo no sabía (y he alucinado mucho), que la mayoría de ejemplares se editaron entre los años 30 y 50, siendo el más moderno de 1976. Desde luego, es un clásico sin duda, porque no lo aparenta. Este ejemplar que reproduzco es de uno de los que tuve con 10 años, y uno de los pocos ambientados en un país imaginario.

El estilo de dibujo, conocido como línea clara, es realmente diferenciado, igual que los detalles tan increíblemente exhaustivos, tanto en detalles como en edificios: un trabajo complejo y supongo que muy duro para facilitar la mayor inmersión en la historia.

Tiene muchas críticas, sobre todo relacionadas con racismo y fascismo, aunque a mi siempre me parecieron bastante exageradas. Tampoco creo que sea muy lógico juzgar este tipo de obras más de 80 años después de ser escritas. En Wikipedia, como de costumbre, hay más información de la que imagináis sobre Tintín.

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