Mi historia como diseñador

cv

No pude entrar en Bellas Artes, como era un bandarra aprobé selectividad en septiembre (de mi segundo cou, jeje), y la nota no me llegaba para entrar en el primer año que se estrenó Bellas Artes en Altea (había saturación de artistillas). Probé con Sociología porque mis colegas Nach y Rudy la habían estudiado y decían que molaba, incluso Nach me incluyó como fanzinero en un estudio sociólogico sobre el mundo de los fanzines… pero pronto descubrí que las cosas divertidas se hacían en 4º, así que me dediqué a jugar al futbolín y beber calimotxo en el Jorge Juan…

Luego me matriculé en la Escuela de Artes y Oficios de Alicante: Autoedición (o lo que es lo mismo, Diseño gráfico con ordenadores), siempre cuento la anécdota que los ordenadores no llegaron hasta mitad de curso, con eso lo digo todo. Por lo menos coincidí en clase con el dibujante de comics Ladrón, con lo que al menos unas risas no me las quitó nadie. Por lo demás, lo único que conocí fue a un montón de personajes que se sentían artistas y odiaban la competencia… en fin… afortunadamente me dijeron que si no asistía a clase dos veces al mes no me podían aprobar, aunque aprobara. Yo en aquel tiempo tenía mi pub, con lo que los viernes por la mañana no existía, con lo que no podía aprobar, con lo que me dediqué a aprender lo que me interesaba y pasar olímpicamente de todo lo demás.

Me lanzé al mundo laboral sin título. Me intentaron explotar en Gamma de San Vicente. No me dejé, por lo que duré menos de un mes.

Conseguí un trabajo de diseñador freelance de webs en una de las primeras empresas alicantinas que se dedicaban en exclusiva a realizar páginas web, Net Consulting. Ni les importaba si tenía el título o no: me hicieron una prueba y la pasé. Adentro con el chaval y punto.

Lo de freelance era muy cool, pero me resultaba más cool saber lo que iba a cobrar todos los meses. Mandé el curriculum (¡en word!) a un par de agencias que me pillaban cerca de casa. A las dos semanas me llamaron de Skala Estrategias. El director creativo se tiró un rato hablando conmigo, pasando de mi curriculum, descubrió que era un bandarra aficionado al Plis Play, creo que este detalle le interesó más que mi ausencia de título. Luego me enteré que llamó al gerente de Net Consulting para pedir credenciales; él le respondió que no le importaba que trabajara en Skala si en los ratos libres podía seguir diseñando webs para Net Consulting: esa respuesta creo que le pesó más que un título.

Trabajé en Skala cerca de un año. Como llegué un poco verde, a los dos días de entrar me dijeron quer diseñase y maquetase la nueva guía oficial del Aeropuerto de Bilbao. Bien. Algo sencillo. Je. Tengo que reconocer que alguna noche me quedé sin dormir, intentando maquetar la jodida guía en mi casa, con un manual de Freehand en una mano y una garrafa de coca cola en la otra (no estaba generalizado el abuso de Red Bull).

Parte de los socios de Skala se montaron una nueva empresa y abandonaron Skala. En aquellos momentos en Skala había un diseñador que tenía mogollón de experiencia y se sabía todos los trucos. Y estaba yo. Me eligieron a mi para la nueva empresa (siempre sospeché que el otro no bebía plis play).

Al mes de entrar en Grupo Cyma me subieron el sueldo, me hicieron fijo y nos dieron la tarde del viernes libre. Así que me hice fanático de mi trabajo y de mi empresa (sí, para mi era mi empresa).

En cerca de cuatro años (lo que dura más o menos una carrera universitaria) me dediqué a diseñar lo que me mandaban. Pero hice mucho más, me hice parte de todos los departamentos: me iba a vender con los comerciales, buscaba clientes, ayudaba a dirigir las producciones in situ, pegaba vinilo en autobuses por las noches, me relacionaba con los proveedores y colabora en la organización de la empresa. Y no sólo lo hice por gusto (que también), sino que me lo tomé como si fuera a clases (pero cobrando y con casos prácticos 100% reales, que mola más).

Mis profesores fueron mis jefes y compañeros:

Antonio, como director de producción, me explicó las diferencias entre tampografía y flexografía, entre cuando es rentable la impresión digital y cuando hay que morir en el offset; me enseñó a currar como un cabrón, a nunca decir que no le puedo dar una solución a un cliente… y me enseñó a decir qué gramaje tiene un papel con solo tocarlo, que no sirve para mucho más que impresionar a los clientes, pero es un buen truco.

Ángel, el director comercial, me enseñó a vender aire sin atosigar al cliente, con una espléndida sonrisa, sin hablar más de lo necesario, pero dejando claro que somos los únicos que podíamos solucionarle la vida (y de paso, la publicidad de su empresa).

Salva, el gerente, me enseñó que hay que mear alto, muy alto; que todo es posible y nada inalcanzable. Que no hay que conformarse. Que hay que volcarse 100% en impresionar al cliente en el primer contacto, no importa lo que cueste, para demostrarle (entre otras cosas) que no le tienes miedo al trabajo duro.

Jose Luis, el director, me enseñó que todo en una empresa tiene que estar racionalizado (gastos, inversiones, ascensos, despidos…); que hay que analizar cada detalle de cada departamento, involucrarse en lo que piensa la gente que trabaja contigo, comprender sus problemas, ser flexible con los tuyos y contundemente duro con quien quiere joderte.

Yani, Juan, Eva, Edu, mis compañeros en el departamento creativo, me abrieron la mente en lo que respecta al diseño, me enseñaron mil trucos del freehand y el photoshop y me crearon una enorme sensación de clase trabajadora, de equipo con los mismos objetivos, de compañerismo.

Gonzalo, mi director creativo, me enseñó a diseñar a su estilo, a que todo tiene que estar cuadrado y equilibrado. Pero sobre todo, este personaje mezcla de Sabina y del Dr. House, me enseñó a mearme en todas esas tonterías de artistas, en mostrarme que éramos currantes del diseño y punto; me mostró que quedarse a currar toda la noche en un plan de medios mola más con una botella de cerol encima de la mesa; que se vende más diseño siendo un personaje que intentando tener un estilo creativo personal; que se puede ser un bandarra y estar orgulloso de serlo, y aún así demostrar lo que vales a base de echarle horas al photoshop y consumir paquetes de ducados.

Al final, cuando ya aprendí todo lo que mi cerebro podía asumir, me marché de Cyma. Por supuesto, también aprendí a no hacer todas las cosas que hacían y no me gustaban, porque no eran perfectos (que asco hubieran dado de serlos). Me monté mi empresa de diseño, respetando a sus clientes, sin cabreos ni malas palabras. Necesitaba un cambio de aires, salir del cascarón, poner en práctica todo lo aprendido pero con mi sello personal.

No me arrepiento de haberme ido. Pero, de vez en cuando, me acuerdo de todos ellos. Y me siento agradecido por la oportunidad que me dieron. Por confiar en un chaval sin título y casi sin experiencia. Por no atarme a una silla a manejar el freehand ocho horas al día. Por vacunarme de por vida a la tontería intrínseca que parecen tener casi todos los diseñadores. Por haberse gastado un pastón en convertir en una realidad mi alocado proyecto de hacer una revista Maskletá a lo grande. Por haber sido mis tutores y haberme dado una profesión. Por haberme enseñado que hay que ser agradecido y darle a cada uno lo que se merece: y este pequeño homenaje, creerme, se lo merecen.

Resumiendo: que en esto del diseño, más que un título, lo que pesa es ser un buen bebedor de plis play. Y punto.

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6 pensamientos sobre “Mi historia como diseñador”

  1. jo-der.. quien iba a decir que el cafe licor abriese tantas puertas xD! un saludo!

  2. jorgenotodovale dijo:

    Gracias Laura… sí, definitivamente el freehand destronó al illustrator, luego el illustrator se vengó del freehand; el insustituible Quark muere a manos del joven Indessign… pero el Cerol permanece líder… XD!

  3. vaya letaaaa¡¡¡¡ Jorge… ceo que este blog tuyo se lo tendríamos que pasar a los de Cerol, y haber si entre u nosotros le “asemos” la pro´xima campaña de comunicación, y tu todo el material de “merchan”…, nos forramos… jajajaja… porque… anda que no¡¡¡. ¿por que no te da el punto y les reparas un diseñito de los tuyos en el que se nos vea diseñando en nuestros tiempos mozos (…, anda que compararme con Sabina ¡¡¡… que mas quisiera el.. jajaja), con la botella de Cerol, y les abrimos mercado entre os diseñadores de todo el mundo mundial…jajajaaj.
    Y si no… que te vaya superbien (aunque ya veo que te va). Un saludo por la parte que me toka (y que no es la que te imaginas).

  4. jorgenotodovale dijo:

    ¿veis lo que os decía? Todo un personaje…

    Ojalá nos contratará Cerol para hacer uan campaña juntos… podríamos hacer un anuncio viral: varios diseñadores grabados con una webcam, encarrados en una habitación intentando conseguir la campaña perfecta de Cerol; no dispondrían de agua, ni café, ni comida ni ostias, sólo café licor y cocacola. Y hasta que no cosnigan la campaña perfecta, no pueden volver a su casa. La gente podría ir juzgando a través de internet cuando tenemos buenas ideas o cuando son una mierda… y cuando a Cerol o al público le guste una idea, o en el peor de los casos, la Cruz Roja decida sacarnos a la fuerza, se acaba el brainstorming y Cerol publcia la campaña con lo que quede sobre la mesa…

    Ahí queda eso…

  5. a ver, vale el whisky y el vino tb?…

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